La bomba tóxica de Nueva Kajovka: un Chernóbil ecológico
La destrucción de la presa en 2023 dejó al descubierto sedimentos con 83.000 toneladas de metales pesados que ahora amenazan la cadena alimentaria y el río Dniéper.
11 de agosto de 2026 · 5 min de lectura
¿Qué ha ocurrido?
En junio de 2023, en plena guerra entre Rusia y Ucrania, la presa de Nueva Kajovka, situada sobre el río Dniéper y controlada por las fuerzas rusas, fue destruida. Una investigación de The New York Times concluyó que la explosión fue provocada por Rusia, aunque Moscú lo niega y acusa a Kiev. La rotura liberó 16,4 kilómetros cúbicos de agua, inundando cientos de kilómetros cuadrados y causando una catástrofe humanitaria y ecológica. Ahora, un estudio publicado en Science por el Instituto Leibniz de Ecología de Aguas Dulces y Pesca Continental revela que la zona expuesta del antiguo lecho del embalse se ha convertido en un 'vergel' aparentemente recuperado, pero bajo esa vegetación se esconden sedimentos contaminados que han estado acumulando vertidos industriales durante décadas.
Este desastre no es un hecho aislado: se enmarca en una larga historia de conflictos donde la naturaleza es víctima silenciosa. Desde la destrucción de presas en la Segunda Guerra Mundial hasta los incendios de pozos petrolíferos en la Guerra del Golfo, los daños ambientales han sido utilizados como arma de guerra. Sin embargo, el caso de Nueva Kajovka es particularmente grave por la magnitud de la contaminación acumulada y por la vulnerabilidad de una región que ya sufre las consecuencias de la invasión rusa.
¿Por qué es importante?
El estudio estima que hay unas 83.000 toneladas de metales pesados tóxicos, como níquel, cadmio y plomo, en los sedimentos expuestos. Menos del 1% se ha arrastrado río abajo hasta ahora, pero el riesgo es que las crecidas estacionales liberen estos contaminantes de forma gradual. De hecho, en la primavera de 2024, el cauce desbordado ya inundó cerca de 900 kilómetros cuadrados con agua contaminada. Esto no solo afecta a Ucrania: el Dniéper desemboca en el Mar Negro, por lo que la contaminación podría extenderse a Rumanía, Bulgaria y Turquía, afectando a los ecosistemas marinos y a la economía pesquera de varios países.
La autora principal, la Dra. Oleksandra Shumilova, compara este desastre con la lluvia radiactiva de Chernóbil de 1986, ya que los contaminantes pueden acumularse en la cadena alimentaria y llegar a los seres humanos. Esta comparación no es casual: ambos eventos ocurrieron en Ucrania y ambos han dejado heridas que tardarán generaciones en sanar. Sin embargo, hay una diferencia clave: mientras que la radiactividad decae con el tiempo, los metales pesados son persistentes y no se degradan, por lo que el peligro puede durar siglos.
Consecuencias a largo plazo
Estamos ante una 'bomba de relojería tóxica' que puede envenenar el ecosistema del Dniéper durante generaciones. Los metales pesados son persistentes y no se degradan, por lo que su liberación progresiva supondrá una amenaza para la flora, la fauna y las comunidades que dependen del río para el agua potable, la agricultura y la pesca. Según datos de la ONU, más de 4 millones de personas dependen del Dniéper para su suministro de agua, y la agricultura de la región es una de las más productivas de Ucrania, conocida como el 'granero de Europa'.
Además, la destrucción de la presa ha alterado el régimen hidrológico de la región, afectando a la irrigación y al suministro de agua en el sur de Ucrania, lo que agrava una crisis humanitaria ya de por sí crítica. La pérdida de la presa también ha dejado sin protección a las poblaciones río abajo frente a futuras inundaciones, y ha reducido la capacidad de generación hidroeléctrica en un país que ya sufre cortes de energía por los ataques rusos a su infraestructura eléctrica.
Históricamente, los desastres ambientales en conflictos han tenido efectos a largo plazo que a menudo se subestiman. Por ejemplo, la Guerra de Vietnam dejó millones de litros de agente naranja que aún hoy causan malformaciones congénitas y cáncer en la población. En el caso de Nueva Kajovka, los científicos advierten que los sedimentos contaminados podrían actuar como una fuente secundaria de contaminación durante décadas, liberando metales pesados de manera intermitente en cada crecida del río.
Qué deben saber los lectores
- La destrucción de la presa no fue un accidente: todo apunta a un acto deliberado de Rusia, lo que constituiría un crimen de guerra según el derecho internacional humanitario. La ONU ha documentado más de 2.000 incidentes de daños ambientales en Ucrania desde 2022, y este es uno de los más graves.
- El desastre ecológico es comparable al de Chernóbil en términos de impacto a largo plazo, aunque no radiactivo. Los metales pesados como el plomo y el cadmio son neurotóxicos y pueden causar daños irreversibles en el desarrollo infantil.
- La contaminación por metales pesados puede persistir durante décadas y afectar a la salud de millones de personas en la cuenca del Dniéper. Según un informe de la OMS, la exposición al plomo causa 900.000 muertes prematuras al año en todo el mundo, y la situación en Ucrania podría agravar esta estadística.
- Se necesitan medidas urgentes de monitoreo y mitigación, así como la reconstrucción de infraestructuras, para evitar una catástrofe sanitaria. Los científicos piden la creación de un sistema de alerta temprana para detectar picos de contaminación y la implementación de técnicas de fitorremediación para extraer los metales del suelo.
La Dra. Shumilova advierte: "Todos los contaminantes que se depositan en el fondo pueden acumularse en diversos organismos, pasando por la cadena alimentaria y llegando a las plantas, los animales y, en última instancia, a los seres humanos."
El papel de la comunidad internacional
Este caso subraya la necesidad de que la comunidad internacional documente y exija responsabilidades por los daños ambientales en conflictos armados. Organizaciones como la ONU y la UE deben presionar para que se establezcan mecanismos de compensación y restauración ecológica. La Convención de Ginebra prohíbe causar daños generalizados, duraderos y graves al medio ambiente en tiempos de guerra, pero la falta de mecanismos de aplicación ha permitido que estos crímenes queden impunes.
En 2024, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que reconoce el derecho a un medio ambiente limpio, pero se necesitan acciones concretas. La UE ya ha destinado 50 millones de euros para la evaluación de daños ambientales en Ucrania, pero la reconstrucción completa costará miles de millones. Además, los expertos abogan por la creación de un fondo internacional para la restauración ecológica de zonas de conflicto, financiado por los países responsables de los daños.
En definitiva, Nueva Kajovka no es solo un desastre local: es un ejemplo de cómo la guerra puede dejar heridas ambientales que tardarán generaciones en sanar. La comunidad internacional tiene la responsabilidad moral y legal de actuar, no solo para ayudar a Ucrania, sino para sentar un precedente que disuada futuros crímenes contra el medio ambiente. La historia nos ha enseñado que los ecosistemas dañados por la guerra pueden recuperarse si se les da tiempo y recursos, pero en este caso, el tiempo juega en contra debido a la persistencia de los contaminantes.
Puntos clave
- La presa de Nueva Kajovka fue destruida en 2023, probablemente por Rusia, según The New York Times.
- El lecho expuesto contiene 83.000 toneladas de metales pesados tóxicos.
- Menos del 1% se ha liberado hasta ahora, pero las crecidas estacionales aumentan el riesgo.
- El desastre se compara con Chernóbil por su impacto a largo plazo en la cadena alimentaria.
- La contaminación amenaza el agua potable, la agricultura y la salud de millones de personas.
Preguntas frecuentes
¿Qué causó la destrucción de la presa de Nueva Kajovka?
Según una investigación de The New York Times, la presa fue destruida por una explosión provocada por Rusia, que controlaba la infraestructura. Rusia lo niega y acusa a Ucrania.
¿Cuántos metales pesados hay en los sedimentos?
El estudio de Science estima que hay unas 83.000 toneladas de metales pesados como níquel, cadmio y plomo.
¿Qué consecuencias tiene para la salud humana?
Los metales pesados pueden acumularse en la cadena alimentaria y llegar a los humanos, causando problemas de salud a largo plazo.
Fuentes utilizadas
Sigue leyendo
Comentarios
Sé el primero en comentar.