OpenAI compara IA con la electricidad y anuncia su tercera fase
Sam Altman publica un manifiesto donde define el futuro de la inteligencia artificial como una herramienta democratizadora, no sustitutiva total del trabajo humano.
20 de junio de 2026 · 5 min de lectura
¿Qué ha ocurrido?
OpenAI ha publicado un manifiesto firmado por su consejero delegado, Sam Altman, en el que establece un paralelismo histórico entre la inteligencia artificial y la electricidad. Altman sostiene que ambas tecnologías transforman la sociedad de forma gradual pero profunda, y anuncia el comienzo de una 'tercera fase' en la evolución de la compañía. Esta nueva etapa sucede a las fases de investigación fundacional y de despliegue de productos como ChatGPT, y se centrará en 'construir tecnología para beneficiar a todos', con un énfasis en la colaboración y la gobernanza compartida. El manifiesto fue publicado el 12 de febrero de 2025, según reporta TechRadar, y busca establecer una visión a largo plazo para la compañía.
¿Por qué es importante?
La comparación con la electricidad no es casual. La electricidad tardó décadas en transformar la economía: en 1920, solo el 35% de los hogares estadounidenses tenían electricidad, y para 1950 la cifra superaba el 90%. Durante ese período, surgieron nuevas industrias como los electrodomésticos, la electrónica y la informática, y se crearon millones de empleos que antes no existían. Al usar esa analogía, OpenAI intenta calmar los temores sobre una sustitución masiva de empleos y posicionar la IA como una infraestructura básica que potenciará capacidades humanas. Además, la 'tercera fase' implica un cambio de enfoque: de vender APIs y chatbots a construir ecosistemas donde la IA sea un bien público regulado. Esto podría influir en cómo otras empresas tecnológicas, como Google (con Gemini) o Meta (con Llama), plantean su hoja de ruta. De hecho, Meta ya ha apostado por un modelo más abierto con sus modelos Llama de código abierto, mientras que Google mantiene un enfoque más controlado. El manifiesto de OpenAI podría ser un intento de equilibrar su imagen pública en un momento de creciente regulación global.
El contexto regulatorio es clave. La Unión Europea aprobó el AI Act en 2024, que clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo y exige transparencia para los modelos de propósito general. En Estados Unidos, la orden ejecutiva de 2023 sobre IA segura y confiable establece estándares de pruebas y reportes. El manifiesto de Altman llega justo cuando los reguladores buscan definir cómo gobernar la IA. Al declarar que 'automatizar todo no es el futuro que queremos', Altman se desmarca de la narrativa más radical del 'automation everything' que ha dominado el discurso de algunos inversores, como Marc Andreessen, quien ha abogado por una automatización acelerada. Esta postura podría ayudar a OpenAI a ganar legitimidad ante los reguladores y el público, pero también refleja una tensión interna en la compañía: mientras Altman promueve una visión colaborativa, OpenAI ha sido criticada por su hermetismo y por alejarse de sus orígenes sin fines de lucro.
Consecuencias y análisis
El manifiesto llega en un momento de creciente regulación global y de escepticismo público. Según una encuesta de Pew Research de 2024, el 52% de los estadounidenses se sienten más preocupados que entusiasmados por el impacto de la IA. Sin embargo, el documento no ofrece detalles concretos sobre cómo se implementará esa visión, lo que deja espacio para la especulación. Los analistas señalan que podría tratarse de un movimiento de relaciones públicas para ganar legitimidad ante los reguladores, o bien un indicio real de que OpenAI está dispuesta a ceder parte de su control centralizado en favor de una gobernanza más abierta. La empresa ya ha dado pasos en esa dirección: en 2024, OpenAI lanzó un fondo de $5 millones para investigación en gobernanza de IA, y ha participado en foros como el AI Safety Summit del Reino Unido. No obstante, el manifiesto omite mencionar los riesgos de sesgo, desplazamiento laboral y concentración de poder, lo que ha sido criticado por expertos en ética tecnológica como Timnit Gebru, quien ha señalado que las promesas de 'beneficio para todos' suelen ocultar intereses corporativos.
El impacto en el mercado podría ser significativo. Si OpenAI realmente avanza hacia un modelo más abierto y colaborativo, podría presionar a sus competidores a seguir el mismo camino. Por ejemplo, Anthropic, la startup rival fundada por ex empleados de OpenAI, ya ha adoptado un enfoque de 'IA constitucional' y ha publicado documentos sobre sus principios de seguridad. Sin embargo, la falta de detalles concretos en el manifiesto de Altman hace que sea difícil evaluar si se trata de un cambio real o de una estrategia de comunicación. Los inversores también estarán atentos: OpenAI está valorada en $150 mil millones tras su última ronda de financiación en octubre de 2024, y cualquier señal de que la empresa prioriza el bien público sobre la rentabilidad podría afectar su valoración. Por otro lado, si el manifiesto es solo un gesto simbólico, podría aumentar el escepticismo hacia la compañía.
Desde una perspectiva histórica, la analogía con la electricidad es poderosa pero imperfecta. La electricidad no planteaba riesgos existenciales ni problemas de control de una tecnología que podría superar la inteligencia humana. Además, la adopción de la electricidad fue impulsada por empresas privadas y gobiernos, pero no hubo un debate global sobre su gobernanza como el que vemos hoy con la IA. El manifiesto de OpenAI parece ignorar estos matices, lo que podría ser visto como una simplificación excesiva por parte de académicos y reguladores.
Lo que deben saber los lectores
Para los profesionales y empresas, el mensaje clave es que OpenAI apuesta por un modelo de IA como servicio público, no como sustituto laboral. Esto sugiere que las inversiones en formación y adaptación serán más importantes que nunca. Se estima que la IA podría automatizar hasta el 30% de las tareas laborales en economías avanzadas para 2030, según McKinsey, pero también creará nuevos roles en áreas como ética, gobernanza y mantenimiento de sistemas. Los desarrolladores deben esperar APIs más abiertas y posiblemente herramientas de código abierto, aunque OpenAI aún no ha confirmado planes concretos. Los reguladores encontrarán en el manifiesto un argumento para impulsar marcos de gobernanza colaborativa, como los que ya se discuten en la Cumbre de IA de París de 2025. No obstante, el escepticismo es sano: falta ver si las acciones de OpenAI se alinean con sus palabras. Mientras tanto, empresas y trabajadores deben prepararse para un entorno donde la IA será omnipresente, pero cuya gobernanza aún está en construcción.
Puntos clave
- OpenAI compara la IA con la electricidad: transformación gradual y democratizadora.
- Anuncia una 'tercera fase' tras investigación y despliegue, enfocada en el beneficio colectivo.
- Sam Altman se distancia del automatismo total: 'automatizar todo no es el futuro que queremos'.
- El manifiesto busca legitimidad ante reguladores y público, pero carece de detalles concretos.
- Implicaciones: posible apertura de APIs, gobernanza compartida y énfasis en formación laboral.
Preguntas frecuentes
¿Qué dice exactamente el manifiesto de OpenAI?
El manifiesto compara la IA con la electricidad en los años 20, señalando que transformará la sociedad gradualmente. Anuncia una tercera fase de desarrollo colaborativo para beneficiar a todos, y rechaza la automatización total.
¿Por qué es importante la comparación con la electricidad?
La electricidad no eliminó empleos sino que creó nuevas industrias. La analogía busca calmar temores sobre la IA y posicionarla como una infraestructura democratizadora.
¿Qué implica la 'tercera fase' de OpenAI?
Implica un cambio de enfoque: de vender productos a construir ecosistemas de IA como bien público, con gobernanza compartida y énfasis en el beneficio colectivo.
Fuentes utilizadas
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