Edición diaria
El diario de la inteligencia artificial, la automatización y el software
Inteligencia Artificial
La startup de Mira Murati apuesta por transparencia y eficiencia con un modelo MoE que rinde como los frontera en código a un tercio del coste
TheVortiq
El 15 de julio de 2026, Thinking Machines Lab —la startup fundada por Mira Murati, ex-CTO de OpenAI— lanzó Inkling, su primer modelo de inteligencia artificial. Se trata de un sistema Mixture-of-Experts (MoE) con 975.000 millones de parámetros totales, aunque solo activa unos 41.000 millones por tarea. Fue entrenado con 45 billones de tokens multimodales (texto, imagen, audio y vídeo) sobre infraestructura Nvidia GB300 NVL72, según reportó Connie Loizos en TechCrunch. Lo inusual: la propia empresa reconoce que Inkling no es el modelo más potente del mercado, ni abierto ni cerrado. En lugar de prometer rendimiento absoluto, destaca su capacidad de señalar incertidumbre (decir 'no sé' en vez de alucinar), un dial de 'thinking effort' ajustable, y una eficiencia que en benchmarks de código consume un tercio de los tokens que Nvidia Nemotron 3 Ultra para igual rendimiento. Inkling es open-weight: los pesos están disponibles para descargar y modificar. El negocio real de Thinking Machines es Tinker, su plataforma de personalización y hosting. Este lanzamiento rompe con la tradición de hype en la industria: la compañía declaró explícitamente que 'Inkling no es el modelo más potente disponible hoy, cerrado o abierto', un movimiento sin precedentes en un sector donde la norma es prometer el máximo rendimiento.
Thinking Machines Lab fue fundada en 2025 por Mira Murati, quien fue CTO de OpenAI hasta 2024. Murati lideró el desarrollo de GPT-4 y DALL-E 3, pero dejó la empresa tras diferencias estratégicas sobre la dirección de la IA abierta frente a la cerrada. Su nuevo laboratorio recaudó más de 1.000 millones de dólares en su primera ronda, con inversores como Andreessen Horowitz y Nvidia. El nombre 'Thinking Machines' evoca a la mítica empresa de supercomputación de los años 80 y 90, que fue pionera en computación paralela antes de quebrar. Este guiño histórico subraya la ambición de Murati de redefinir la IA desde la transparencia y la eficiencia, en contraste con el enfoque cerrado de OpenAI y Google DeepMind. El lanzamiento de Inkling se produce en un momento en que la industria de la IA está experimentando una 'crisis de alucinaciones' y costes de inferencia desbordados. Los modelos cerrados como GPT-5 (lanzado en 2025) y Gemini 3 (2026) han priorizado el rendimiento bruto, pero con costes de inferencia que pueden superar los 10 dólares por millón de tokens para tareas complejas. En este contexto, Inkling aparece como una alternativa que prioriza la honestidad y la eficiencia.
Empresas
El fabricante aeroespacial europeo da un paso clave hacia la autonomía tecnológica, moviendo aplicaciones sensibles a un proveedor local.
TheVortiq
Airbus, el gigante aeroespacial europeo, ha seleccionado al proveedor de nube francés Scaleway para alojar sus aplicaciones más críticas, migrando inicialmente 70 de un total de 900 aplicaciones consideradas esenciales para la operación mínima viable de la compañía. Estas aplicaciones incluyen sistemas de ERP, ejecución de fabricación, CRM y gestión del ciclo de vida del producto, que actualmente se ejecutan en AWS. La decisión fue revelada exclusivamente por The Register y confirmada por Catherine Jestin, directora digital de Airbus.
Este movimiento no es un simple cambio de proveedor; es una declaración de principios en un contexto geopolítico tenso. Con el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE.UU., las tensiones comerciales y de seguridad han aumentado, y la Ley Cloud Act estadounidense permite al gobierno acceder a datos almacenados por empresas estadounidenses en el extranjero. Para Airbus, que maneja datos sensibles de defensa y aviación, garantizar que los datos permanezcan bajo control europeo es una prioridad estratégica. La elección de Scaleway, un actor local con menor escala que los hiperescaladores, demuestra que la soberanía digital puede pesar más que la eficiencia técnica o el costo.
La migración de Airbus es un síntoma de una tendencia más amplia en Europa: reducir la dependencia de la tecnología estadounidense. Aunque Airbus seguirá usando AWS para plataformas como Skywise y Case Management Assistant, y mantendrá relaciones con Salesforce, Coupa y Workday, la decisión envía una señal clara al mercado. Otros gigantes europeos podrían seguir su ejemplo, presionando a los hiperescaladores a ofrecer garantías de soberanía más sólidas. Scaleway, por su parte, se beneficia de un socio que no solo es cliente, sino que participará en la definición de su hoja de ruta de productos, lo que podría acelerar su crecimiento y capacidad técnica.
“Al integrar un entorno cloud confiable y de alto rendimiento que protege nuestros activos de datos críticos de las leyes extraterritoriales extranjeras, aseguramos que nuestra infraestructura digital esté a la altura de nuestra innovación aeroespacial, manteniendo el control y la resiliencia de nuestras operaciones industriales.” — Catherine Jestin, directora digital de Airbus.
La migración de 70 aplicaciones críticas es un proceso complejo que implica reevaluar arquitecturas, garantizar la seguridad y mantener la continuidad del negocio. Airbus ha destacado que Scaleway ofreció una respuesta técnica sólida y una oferta comercial competitiva. Sin embargo, el verdadero diferenciador fue el compromiso de Scaleway con la soberanía digital, un factor que los hiperescaladores estadounidenses difícilmente pueden igualar debido a su marco legal. Aunque AWS, Microsoft y Google han lanzado iniciativas de soberanía digital, un ejecutivo de Microsoft admitió bajo juramento en un tribunal francés que no podía garantizar la soberanía digital, lo que socava su credibilidad.
Para las empresas que consideran movimientos similares, la lección es clara: la soberanía digital no es solo un eslogan de marketing, sino un requisito legal y estratégico en sectores sensibles. La decisión de Airbus también subraya la importancia de diversificar proveedores para evitar la dependencia de un solo ecosistema.
La migración de Airbus es un hito, pero no el final del camino. La Comisión Europea ha impulsado iniciativas como Gaia-X para fomentar la soberanía digital, pero la adopción real depende de casos como este. Scaleway, junto con otros proveedores como OVHcloud y Deutsche Telekom, podría beneficiarse de un cambio en la percepción del mercado. Sin embargo, la escala sigue siendo un desafío: los hiperescaladores invierten miles de millones en infraestructura global, mientras que los proveedores locales operan con presupuestos más ajustados. La colaboración con Airbus podría ayudar a Scaleway a cerrar esa brecha.
En resumen, la decisión de Airbus es un punto de inflexión que podría redefinir el panorama cloud europeo. No se trata solo de tecnología, sino de geopolítica, confianza y control de datos. Las empresas que operan en sectores críticos deberían tomar nota y evaluar sus propias estrategias de soberanía digital antes de que sea demasiado tarde.
Inteligencia Artificial
Kevin O'Leary asegura que los centros de datos consumen menos agua que los campos de golf, pero los números son más complejos de lo que parecen.
TheVortiq
Kevin O'Leary, el inversor conocido por su participación en Shark Tank y promotor del megaproyecto de centro de datos Stratos en Utah, declaró a Business Insider que los centros de datos de IA consumen mucha menos agua que los campos de golf estadounidenses. La afirmación, recogida por The Next Web, busca defender la viabilidad hídrica de su proyecto de 40.000 acres (unas 16.187 hectáreas) en el condado de Millard, que ha generado protestas de comunidades locales y activistas ambientales, e incluso una orden ejecutiva del gobernador Spencer Cox para revisar el uso del agua. O'Leary, que ha invertido 1.000 millones de dólares en el proyecto, argumenta que la comparación demuestra que la preocupación por el consumo de agua está desproporcionada.
Según la Asociación de Superintendentes de Campos de Golf de América (GCSAA), los campos de golf de EE.UU. utilizan aproximadamente 2,08 millones de acres-pie de agua al año (unos 2.570 millones de metros cúbicos). En contraste, los centros de datos consumen alrededor de 1,7 millones de acres-pie anuales, según estimaciones de la industria recopiladas por el Departamento de Energía de EE.UU. En números globales, O'Leary tiene razón: los centros de datos usan menos agua que los campos de golf. Sin embargo, la comparación es engañosa por varias razones clave:
El debate no es solo técnico, sino político y económico. El proyecto Stratos de O'Leary ha sido criticado por comunidades locales y activistas ambientales que temen que agrave la escasez de agua en una región ya afectada por la sequía del lago Salado. La comparación con los campos de golf busca minimizar estas preocupaciones, pero los expertos señalan que se necesita un análisis más matizado. Un portavoz de GCSAA declaró: “La comparación es técnicamente correcta hoy, pero no captura la complejidad del problema. El agua reciclada para los campos de golf no es la misma que el agua potable para los centros de datos”. Además, la región de Utah ya enfrenta conflictos por el agua entre la agricultura, el desarrollo urbano y la conservación ambiental. El gobernador Cox emitió una orden ejecutiva en 2024 que exige estudios de impacto hídrico para proyectos de centros de datos de más de 100 acres, lo que refleja la creciente preocupación regulatoria.
Este debate podría acelerar la adopción de tecnologías de enfriamiento más eficientes, como la refrigeración líquida directa (DLC) o el uso de aguas grises y recicladas. Empresas como Google y Microsoft ya se han comprometido a reponer más agua de la que consumen para 2030. Google, por ejemplo, reportó en 2023 que repuso el 120% del agua que consumió en sus centros de datos, principalmente mediante proyectos de recarga de acuíferos. Microsoft, por su parte, está invirtiendo en tecnologías de enfriamiento que eliminan por completo el uso de agua, como la inmersión en líquido dieléctrico. Además, la controversia podría influir en las regulaciones locales sobre la ubicación de nuevos centros de datos. En Virginia, el mayor mercado de centros de datos del mundo, se están considerando moratorias para nuevos proyectos debido a preocupaciones sobre el agua y la energía. En Utah, el proyecto Stratos podría sentar un precedente sobre cómo se evalúa el impacto hídrico de estos megaproyectos.
Inteligencia Artificial
El Codex Micro, un mini-teclado RGB de 230 dólares, permite supervisar visualmente el estado de múltiples agentes Codex sin necesidad de mirar la pantalla.
TheVortiq
OpenAI ha lanzado su primer dispositivo de hardware con su marca: el Codex Micro, un mini-teclado RGB de 230 dólares. Según Ars Technica, el dispositivo es una colaboración limitada con Work Louder y está diseñado para permitir a los usuarios monitorear e interactuar rápidamente con múltiples agentes Codex mediante luces de colores y teclas programables. El teclado, de solo 12 teclas mecánicas, incluye seis teclas superiores esmeriladas que muestran el estado de hasta seis hilos de Codex: blanco (inactivo), azul (procesando), verde (completado), ámbar (esperando retroalimentación humana) y rojo (error). Las seis teclas inferiores son programables por el usuario para ejecutar acciones como aprobar, rechazar o reasignar tareas. El dispositivo se conecta por USB-C y es compatible con macOS, Windows y Linux, pero requiere la aplicación de escritorio de Codex.
La producción es limitada a 10,000 unidades, según informa Ars Technica, y se vende exclusivamente en la tienda de OpenAI. Work Louder, el fabricante, ya vende un producto similar llamado Creator Micro (desde 179 dólares) orientado a creativos, pero el Codex Micro integra el firmware y la iluminación personalizados para Codex. El lanzamiento se produce mientras OpenAI sigue desarrollando un altavoz inteligente sin pantalla, reportado por Bloomberg en julio de 2026, que funcionaría como un asistente de IA conversacional. Sin embargo, el Codex Micro apunta a un nicho profesional: desarrolladores y power users que gestionan múltiples agentes de IA simultáneamente.
Este lanzamiento marca la primera incursión de OpenAI en el hardware de consumo, un movimiento que podría redefinir cómo los profesionales interactúan con los agentes de IA. A diferencia de los rumores sobre un altavoz inteligente, el Codex Micro se enfoca en un nicho productivo: la supervisión visual de tareas de IA. La capacidad de ver de un vistazo si un agente está inactivo, procesando, completado, esperando retroalimentación o en error, sin necesidad de tener la ventana activa, puede aumentar la eficiencia en entornos multitarea. En un contexto donde los agentes de IA están proliferando (según Gartner, para 2028 el 40% de las interacciones laborales involucrarán agentes de IA), herramientas como Codex Micro pueden reducir la carga cognitiva y los cambios de contexto.
El movimiento también tiene implicaciones estratégicas. Al lanzar hardware propio, OpenAI compite indirectamente con fabricantes de periféricos como Elgato (Stream Deck) y Logitech (teclados programables), pero con la ventaja de una integración profunda con su ecosistema. Esto podría fidelizar a los usuarios de Codex y crear barreras de salida. Además, el precio de 230 dólares, aunque elevado para un teclado de 12 teclas, es comparable al Stream Deck XL (250 dólares) y se justifica por la funcionalidad exclusiva. La edición limitada sugiere que OpenAI está probando el mercado antes de un posible lanzamiento masivo, o bien creando un objeto de colección que impulse el interés mediático.
El movimiento de OpenAI recuerda a otros gigantes tecnológicos que han lanzado hardware periférico, como el Stream Deck de Elgato o los teclados programables de Logitech. Sin embargo, al estar integrado directamente con Codex, el producto ofrece una experiencia exclusiva para usuarios del ecosistema OpenAI. Esto podría ser el preludio de una estrategia más amplia de hardware, aunque la compañía aún trabaja en un altavoz inteligente con pantalla, según Bloomberg. El precio de 230 dólares lo posiciona como un accesorio premium, limitado a 10,000 unidades, lo que sugiere una prueba de mercado más que un producto masivo.
El contexto histórico muestra que OpenAI ha coqueteado con el hardware antes. En 2025, la compañía contrató a exingenieros de Apple para explorar dispositivos de IA, y en enero de 2026 se rumoreó un modelo de voz y hardware de audio para 2027 (Ars Technica). El Codex Micro, sin embargo, es un paso más concreto y de bajo riesgo: es un periférico que no requiere grandes inversiones en fabricación (al ser una colaboración con Work Louder) y que puede generar ingresos modestos pero valiosos para validar la demanda de hardware de IA. Además, el dispositivo podría servir como herramienta de marketing para Codex, que compite con plataformas como AutoGPT y AgentGPT.
El impacto en el mercado de periféricos es notable. Elgato, con su Stream Deck, ha dominado el nicho de teclados de productividad, pero su integración con IA es limitada. Logitech ofrece teclados programables pero sin retroalimentación visual de estados de IA. Codex Micro crea una nueva categoría: el "teclado de agente de IA". Si tiene éxito, podría inspirar a otras empresas de IA (como Anthropic o Google DeepMind) a lanzar hardware similar. Sin embargo, el riesgo es que el producto sea demasiado nicho: los usuarios de Codex son aún un grupo pequeño (OpenAI no revela cifras, pero Codex se lanzó en beta en 2025). Además, la dependencia de la aplicación de escritorio limita su uso en entornos móviles o web.
"Las teclas iluminadas permiten a los usuarios saber de un vistazo qué tarea de Codex necesita atención inmediata", señala Ars Technica. "Es como tener un semáforo para tus agentes de IA".
En resumen, el Codex Micro es un experimento calculado de OpenAI para extender su marca al hardware, apuntando a un nicho de usuarios avanzados que buscan eficiencia en la gestión de múltiples agentes de IA. Su éxito o fracaso podría influir en la estrategia futura de hardware de la compañía. Los lectores interesados deberían considerar si su flujo de trabajo con Codex justifica la inversión de 230 dólares, y estar atentos a posibles iteraciones o productos similares de la competencia.
Inteligencia Artificial
Un 'hack' de Zoom expone el problema de la privacidad en las notas de IA
TheVortiq

Un desarrollador de software, conocido bajo el pseudónimo 'dee-see', ha publicado en GitHub una herramienta que, al ejecutarse en el cliente de Zoom de escritorio, superpone un mensaje en pantalla que dice 'No me grabes' y bloquea el acceso de terceras aplicaciones al audio de la reunión en tiempo real. El código aprovecha una vulnerabilidad en la API de Zoom que permite interceptar el flujo de audio antes de que sea enviado a servicios externos de transcripción. Aunque no es un exploit de seguridad tradicional —no permite acceder a datos ajenos ni tomar control del sistema—, sí interfiere con la funcionalidad legítima de herramientas como Otter.ai, Fireflies.ai o la propia transcripción nativa de Zoom. El repositorio ha acumulado más de 2.000 estrellas en pocos días, lo que indica el interés público en el control de la privacidad. Según el autor, citado por TechCrunch, 'si cada reunión, conversación de pasillo y cita se transcribe y resume, ¿quién está realmente leyendo todo eso?' Esta pregunta refleja una preocupación creciente sobre la transparencia y el uso de datos personales en plataformas de videoconferencia.
El incidente no es aislado; forma parte de una tendencia más amplia de desconfianza hacia la grabación y análisis de conversaciones por IA. Según un informe de Gartner de 2023, se estima que para 2027 el 60% de las reuniones virtuales serán transcritas por IA, ya sea con fines de productividad, cumplimiento normativo o entrenamiento de modelos. Sin embargo, las políticas de privacidad de las principales herramientas son a menudo opacas. Por ejemplo, Otter.ai declara en su política que los datos de transcripción pueden ser utilizados para 'mejorar sus servicios', lo que incluye el entrenamiento de modelos de IA. Fireflies.ai, por su parte, permite a los administradores de cuenta acceder a todas las transcripciones del equipo. En el caso de Zoom, la transcripción nativa se procesa en la nube y puede ser retenida por la empresa, según su política de datos. El hack expone que los usuarios no tienen control real sobre quién accede a sus conversaciones: incluso si el anfitrión no activa la grabación oficial, las herramientas de terceros pueden capturar el audio si el usuario tiene instalada la extensión correspondiente. Esto ha reavivado el debate sobre la necesidad de un consentimiento explícito y granular, similar al que exige el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo para la grabación de llamadas. Un estudio de la Universidad de Oxford de 2022 encontró que solo el 12% de los usuarios de herramientas de transcripción eran conscientes de que sus datos podían ser revisados por humanos. El hack, aunque técnicamente simple, pone de manifiesto una brecha entre la expectativa de privacidad y la realidad técnica.
Este incidente podría tener varias consecuencias a corto y medio plazo. En primer lugar, es probable que acelere la regulación de las transcripciones automáticas. La Unión Europea ya está evaluando incluir estas herramientas en el ámbito del GDPR, exigiendo consentimiento explícito de todos los participantes antes de iniciar cualquier transcripción. En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comercio (FTC) ha mostrado interés en el caso, según fuentes de The Verge, aunque aún no hay una investigación formal. Empresas como Zoom y Microsoft Teams podrían verse obligadas a ofrecer opciones más granulares de privacidad, como la capacidad de bloquear la transcripción por participante o de procesar el audio localmente. De hecho, Microsoft ya ha anunciado que Teams permitirá la transcripción local en dispositivos con NPU (unidad de procesamiento neuronal) a partir de 2025, una respuesta directa a las críticas sobre privacidad. Para los usuarios, esto implica que deben revisar las configuraciones de privacidad de sus herramientas de reuniones y considerar el uso de soluciones que procesen las transcripciones localmente, como Whisper de OpenAI (que ofrece transcripción local en dispositivos compatibles) o software de código abierto como Vosk. Las startups de privacidad, como la alemana 'Sembly', que promete no almacenar transcripciones en la nube, podrían ganar tracción. Sin embargo, la mayoría de las empresas aún dependen de servicios en la nube por su conveniencia y escalabilidad. El hack también plantea un dilema legal: aunque no es ilegal, viola los términos de servicio de Zoom, lo que podría resultar en la suspensión de la cuenta del usuario. Zoom ha declarado a TechCrunch que 'investigará el asunto y tomará las medidas apropiadas', pero no ha especificado si parcheará la vulnerabilidad.
La pregunta de quién lee las transcripciones sigue sin respuesta clara. Mientras tanto, la mejor defensa es la transparencia y el control del usuario. Como señaló el desarrollador del hack, la tecnología avanza más rápido que las normas sociales y legales, y cada usuario debe decidir qué nivel de privacidad está dispuesto a sacrificar por la comodidad de los resúmenes automáticos.
Inteligencia Artificial
La gobernadora Hochul frena la construcción de megacentros de datos por un año para evaluar su impacto ambiental y energético, mientras el expresidente Trump califica la medida de 'terrible decisión'.
TheVortiq
El 1 de abril de 2025, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó una orden ejecutiva que impone una moratoria de hasta un año a la construcción de nuevos centros de datos que consuman 50 megavatios (MW) o más. Esta medida convierte a Nueva York en el primer estado estadounidense en frenar la expansión de infraestructura crítica para la inteligencia artificial. La orden instruye a los funcionarios estatales a evaluar el impacto energético, ambiental y económico de estos proyectos antes de permitir nuevas autorizaciones. Según The Next Web, la decisión se produce en un contexto de creciente demanda eléctrica: el estado estima que los centros de datos podrían representar hasta el 30% del nuevo consumo de electricidad en la próxima década, amenazando los objetivos climáticos de la Ley de Liderazgo Climático y Protección Comunitaria (CLCPA), que exige una reducción del 70% de emisiones para 2030.
Horas después de la firma, el expresidente Donald Trump calificó la decisión como 'terrible' y exigió públicamente que Hochul la revirtiera, según reporta The Next Web. Trump argumentó que la moratoria perjudica la competitividad tecnológica de Estados Unidos frente a China y podría costar miles de empleos. Sin embargo, la gobernadora no ha mostrado intención de ceder, defendiendo que la pausa es necesaria para garantizar que el desarrollo sea sostenible. Este enfrentamiento añade una dimensión política a un debate que hasta ahora era predominantemente técnico y regulatorio.
Los centros de datos son la columna vertebral del boom de la IA. Empresas como OpenAI, Google y Microsoft requieren enormes capacidades de cómputo para entrenar y ejecutar modelos de lenguaje avanzados. Un centro de datos de 50 MW consume tanta electricidad como unos 40,000 hogares promedio en EE.UU., y requiere grandes cantidades de agua para refrigeración, lo que genera tensiones con los objetivos climáticos y la red eléctrica local. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), los centros de datos consumieron alrededor del 1-2% de la electricidad global en 2024, y se espera que esta cifra se duplique para 2030 debido a la IA.
La decisión de Nueva York podría sentar un precedente para otros estados y países que enfrentan dilemas similares. California y Oregón ya están observando el caso, según fuentes consultadas por TheVortiq. Además, la intervención de Trump refleja una creciente polarización en torno a la regulación tecnológica: mientras algunos ven la moratoria como una protección ambiental necesaria, otros la consideran un obstáculo para la innovación. Este conflicto recuerda a debates anteriores sobre la expansión de la fractura hidráulica (fracking) o la construcción de oleoductos, donde los intereses económicos y ambientales chocaron abiertamente.
A corto plazo, la moratoria podría retrasar inversiones multimillonarias en el estado. Empresas tecnológicas y operadores de centros de datos como Equinix, Digital Realty y NTT Global Data Centers podrían redirigir sus planes hacia estados con regulaciones más laxas, como Virginia (que alberga el mayor mercado de centros de datos del mundo, conocido como 'Data Center Alley') o Texas, donde los incentivos fiscales y la energía barata atraen a las empresas. Según un informe de CBRE, Nueva York ocupa el sexto lugar en capacidad de centros de datos en EE.UU., con unos 300 MW operativos, pero la moratoria podría frenar proyectos en cartera por valor de más de 5.000 millones de dólares.
A largo plazo, si la pausa deriva en regulaciones más estrictas, podría encarecer la construcción de centros de datos en Nueva York y limitar la capacidad computacional disponible para startups de IA locales. Sin embargo, la medida también podría impulsar la innovación en eficiencia energética y refrigeración sostenible, así como fomentar la ubicación de centros de datos en regiones con excedentes de energía renovable, como el norte del estado de Nueva York, que cuenta con abundante energía hidroeléctrica. Para los residentes, podría significar una menor presión sobre las tarifas eléctricas (que ya son un 50% más altas que el promedio nacional) y un menor impacto ambiental, especialmente en términos de emisiones de carbono y consumo de agua.
Comparado con eventos anteriores, esta moratoria recuerda a la pausa de 2019 en la construcción de centros de datos en Singapur, que duró tres años y provocó un aumento de precios y una reubicación de proyectos hacia Malasia e Indonesia. En ese caso, la medida llevó a una mayor eficiencia energética, pero también a una pérdida de competitividad regional. Nueva York podría experimentar un efecto similar, aunque su tamaño de mercado y su ecosistema tecnológico podrían mitigar el impacto.
"La decisión de Nueva York es un hito en la regulación de la infraestructura de IA. Marca el momento en que los gobiernos comienzan a cuestionar el costo real de la inteligencia artificial más allá de los dólares invertidos", señala un analista de TheVortiq.
En resumen, la pausa de Nueva York es una señal de que el crecimiento desenfrenado de los centros de datos para IA enfrenta un escrutinio creciente. Los inversores, desarrolladores y empresas de tecnología deben prepararse para un entorno regulatorio más complejo, donde la sostenibilidad será un factor clave en la toma de decisiones. La medida no solo afecta a Nueva York, sino que podría desencadenar un efecto dominó en todo el país y el mundo, redefiniendo el futuro de la infraestructura digital.
Empresas
La Comisión Europea exige a Google ceder datos de búsqueda y permitir la integración de asistentes de IA rivales en Android, buscando reequilibrar el mercado digital.
TheVortiq
El 16 de julio de 2026, la Comisión Europea (CE) anunció dos decisiones de especificación en el marco de la Ley de Mercados Digitales (DMA) que afectan directamente a Google. La primera obliga a Google a permitir que los asistentes de inteligencia artificial (IA) de terceros accedan a las funcionalidades clave de Android en igualdad de condiciones con Gemini, el asistente nativo de Google. La segunda exige que Google comparta los datos que recopila para optimizar su motor de búsqueda con otros buscadores y servicios de IA, previa anonimización.
Estas decisiones no determinan si Google ha incumplido la DMA, sino que aclaran las obligaciones concretas que debe cumplir como guardián de acceso (gatekeeper). La CE argumenta que las medidas buscan “reequilibrar el campo de juego” y ofrecer a los usuarios europeos más opciones tanto en servicios de IA como en búsqueda.
Google controla más del 90% del mercado de búsquedas en Europa y Android es el sistema operativo móvil dominante, con cerca del 70% de cuota global. La capacidad de Google para restringir el acceso a sus datos y a las funciones del sistema operativo ha sido señalada como una barrera para la competencia. Con estas decisiones, la UE pretende abrir ambos ecosistemas, permitiendo que rivales como Bing, DuckDuckGo o asistentes de IA como Alexa o Siri compitan en igualdad de condiciones.
Para los usuarios, esto podría traducirse en más opciones de asistentes de IA en sus teléfonos y mejores servicios de búsqueda. Para las empresas tecnológicas, especialmente las startups de IA, supone una oportunidad de acceder a datos que antes eran exclusivos de Google, lo que podría acelerar la innovación.
Google ha reaccionado con dureza. Kent Walker, presidente de Asuntos Globales de Google y Alphabet, afirmó que las decisiones “arriesgan debilitar la privacidad y la seguridad de millones de europeos”. La compañía argumenta que compartir datos de búsqueda expondría información privada de los usuarios y que dar acceso a funciones sensibles de Android a asistentes de terceros podría comprometer la seguridad del dispositivo. Sin embargo, la CE ha establecido que Google puede imponer condiciones objetivas y no discriminatorias para garantizar privacidad, seguridad e integridad.
Google también ha señalado que los asistentes de IA ya pueden acceder a las capacidades de Android si los fabricantes de dispositivos (OEM) lo permiten, pero la CE considera que eso no es suficiente para garantizar la interoperabilidad.
Empresas como Microsoft (Bing, Copilot), Amazon (Alexa) y DuckDuckGo podrían beneficiarse directamente. Las startups de IA que desarrollan asistentes virtuales también tendrían la oportunidad de integrarse más profundamente en Android, lo que podría reducir la ventaja de Gemini. En el ámbito de la búsqueda, los competidores podrían mejorar sus algoritmos usando los mismos datos que Google, lo que podría estrechar la brecha de calidad.
En teoría, los usuarios europeos podrán elegir su asistente de IA predeterminado en Android, activarlo por voz y permitirle realizar acciones en aplicaciones. También podrían beneficiarse de mejores resultados de búsqueda en motores alternativos. Sin embargo, persisten dudas sobre la privacidad: ¿cómo se anonimizarán los datos? ¿Los usuarios darán su consentimiento explícito? La CE exige anonimización, pero Google duda de su eficacia.
Estas decisiones se inscriben en la ofensiva de la UE contra las grandes tecnológicas bajo la DMA. Google ya ha sido multada en múltiples ocasiones por prácticas anticompetitivas (más de 8.000 millones de euros en los últimos años). La DMA, en vigor desde 2023, establece obligaciones específicas para los guardianes de acceso, como Google, Apple o Meta. La UE ya ha abierto investigaciones sobre Google por posible incumplimiento en áreas como la preferencia de sus propios servicios.
La decisión de hoy no es una sanción, sino una especificación de lo que Google debe hacer para cumplir. Si no lo hace, podría enfrentarse a multas de hasta el 10% de su facturación global anual.
La Chamber of Progress, un grupo de presión tecnológico financiado en parte por Google, ha criticado la decisión por ignorar los riesgos de privacidad. Por otro lado, asociaciones de consumidores y defensores de la competencia han aplaudido la medida como un paso necesario para reducir el dominio de Google.
Algunos analistas señalan que el verdadero desafío será la implementación: garantizar que el acceso a datos sea efectivo sin comprometer la privacidad, y que la interoperabilidad de los asistentes de IA no degrade la experiencia del usuario ni la seguridad del sistema.
“La Comisión Europea está forzando a Google a abrir sus ecosistemas más valiosos, pero la batalla sobre la privacidad y la seguridad apenas comienza”, señala un analista de TheVortiq.
La UE ha dado un paso audaz para desmantelar el control de Google sobre la búsqueda y la IA en dispositivos móviles. Si bien las intenciones procompetitivas son claras, los riesgos de privacidad y seguridad son reales y deberán gestionarse con cuidado. El resultado final dependerá de la implementación técnica y de la voluntad de Google de cooperar. Por ahora, el mensaje de la UE es inequívoco: los guardianes de acceso deben compartir el poder.
Inteligencia Artificial
Pekín prohíbe a los chatbots fomentar relaciones románticas para frenar la crisis demográfica
TheVortiq

La Administración del Ciberespacio de China (CAC) ha emitido una directriz que prohíbe a las empresas de inteligencia artificial entrenar a sus chatbots para fomentar relaciones extremas con menores o interferir en las relaciones interpersonales. Según reporta Hipertextual, la medida afecta a gigantes tecnológicos como Alibaba, Tencent y ByteDance, que ya han modificado el comportamiento de sus asistentes virtuales para eliminar respuestas románticas o excesivamente amigables. La orden se enmarca en un paquete más amplio de regulaciones sobre contenido generado por IA, que incluye la prohibición de simular relaciones de pareja o amistad íntima con usuarios, especialmente menores de edad. Las empresas tienen un plazo de tres meses para adecuar sus modelos, bajo amenaza de multas o suspensión de servicios.
China arrastra una crisis demográfica heredada de la política del hijo único, abolida en 2016. La tasa de natalidad sigue cayendo: en 2023 nacieron solo 9,02 millones de bebés, la cifra más baja desde 1949, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas. En este contexto, las novias IA se han popularizado entre jóvenes que evitan las complejidades de las relaciones reales. Aplicaciones como Xiaoice (originalmente de Microsoft, ahora independiente) o Glow (de Shanghai Lingxin) permiten mantener conversaciones afectivas con avatares virtuales, lo que según expertos agrava el aislamiento social y desincentiva la formación de familias. Un estudio de la Universidad de Pekín de 2024 reveló que el 23% de los jóvenes solteros entre 18 y 30 años había utilizado al menos una vez un chatbot con fines románticos. La medida gubernamental busca atajar este fenómeno antes de que profundice la crisis demográfica.
La prohibición obliga a las tecnológicas a rediseñar sus productos de IA conversacional, lo que podría reducir el engagement de los usuarios. Según estimaciones de la consultora Analysis Group, el mercado de compañeros virtuales en China superó los 1.200 millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual del 35%. Empresas como Baidu ya han ajustado su chatbot Ernie Bot para evitar respuestas empáticas, y Tencent ha anunciado que su asistente Xiaowei dejará de simular afecto. A largo plazo, se busca reorientar la IA hacia usos productivos en lugar de emocionales, como la educación o la atención médica. Sin embargo, críticos señalan que la medida no ataca las causas profundas: precariedad laboral, alto costo de vida y falta de vivienda asequible. El costo promedio de una boda en las grandes ciudades supera los 200.000 yuanes (unos 28.000 dólares), y el precio de la vivienda en Pekín equivale a 25 años de salario medio.
“La IA no es la culpable de que los jóvenes chinos no quieran casarse; es un síntoma de problemas estructurales”, afirma el sociólogo Wang Feng, de la Universidad de California.
Además, la prohibición podría generar un efecto rebote: algunos usuarios podrían migrar a aplicaciones extranjeras no reguladas, como Replika, o a alternativas de código abierto. Japón ya enfrenta un dilema similar con su fenómeno de las novias virtuales, donde aplicaciones como Gatebox han creado comunidades de usuarios que prefieren la compañía digital a la real. Sin embargo, Tokio no ha intervenido directamente, optando por campañas de concienciación.
La decisión china marca un precedente global sobre cómo los gobiernos pueden regular el impacto social de la IA, especialmente en ámbitos emocionales. Mientras, el país busca equilibrar innovación tecnológica con estabilidad demográfica. No obstante, la efectividad de la medida dependerá de su implementación y de si se abordan los problemas estructurales que llevan a los jóvenes a buscar consuelo en algoritmos.
Inteligencia Artificial
La startup israelí sale del sigilo con la mayor ronda semilla de la historia en ciberseguridad, apostando a que los agentes de IA harán urgente un sistema de identidad universal.
TheVortiq

Oak, una startup israelí de ciberseguridad, ha anunciado una ronda de financiación semilla de 60 millones de dólares, la mayor jamás registrada en este tipo de ronda según datos de PitchBook. La compañía, que operaba en modo sigiloso, presenta su plataforma como un "sistema operativo de identidad" capaz de gestionar de forma unificada las identidades de usuarios humanos, dispositivos y agentes de inteligencia artificial. La ronda fue liderada por Sequoia Capital y Andreessen Horowitz, dos de los capitales de riesgo más prestigiosos de Silicon Valley, lo que subraya la confianza en la visión de Oak. La startup fue fundada por exejecutivos de Palo Alto Networks y Wiz, empresas israelíes de ciberseguridad de alto perfil, lo que aporta credibilidad técnica al proyecto.
La propuesta de Oak aborda un problema creciente: en las empresas modernas, los permisos de acceso se han multiplicado de forma descontrolada. Según el informe de amenazas de 2024 de CrowdStrike, el 80% de los incidentes de seguridad involucran credenciales comprometidas. Con la proliferación de agentes de IA autónomos, el problema se agrava: ¿cómo auditar qué agente accedió a qué dato y por orden de quién? Oak propone un sistema centralizado que asigna identidades únicas a cada entidad (persona, máquina o agente) y gestiona políticas de acceso en tiempo real. La plataforma promete reducir la superficie de ataque al eliminar cuentas huérfanas y permisos excesivos, un problema que afecta al 60% de las empresas según un estudio de CyberArk. Además, Oak ofrece un inicio de sesión único (SSO) que también cubre a los agentes de IA que trabajan en nombre de los usuarios, resolviendo un vacío en las soluciones tradicionales de IAM.
El mercado de gestión de identidades y accesos (IAM) está dominado por gigantes como Okta, Microsoft Azure AD y Ping Identity, pero ninguno ha integrado de forma nativa la gestión de identidades de agentes de IA. Oak compite también con startups como Auth0 (adquirida por Okta) y con soluciones de ciberseguridad como CrowdStrike, aunque estas últimas se centran en endpoints y no en identidad. La ronda de 60M en semilla es inusual: según Crunchbase, el promedio de ronda semilla en ciberseguridad en 2025 fue de 4,2 millones de dólares. Esto indica la confianza de los inversores en que Oak resuelve un problema incipiente pero crítico. Para ponerlo en perspectiva, la ronda de Oak es comparable a la de Wiz en su etapa semilla (50 millones en 2020), que luego se convirtió en un unicornio valorado en 10 mil millones. Sin embargo, Oak aún no tiene clientes públicos ni ingresos reportados, lo que añade incertidumbre. La tecnología está en fase beta y se espera que el producto esté disponible comercialmente en 2026.
Para las empresas, Oak promete reducir la superficie de ataque al eliminar cuentas huérfanas y permisos excesivos, un problema que cuesta a las organizaciones un promedio de 3,8 millones de dólares por incidente según IBM. Para los usuarios, implica un inicio de sesión único (SSO) que también cubre a los agentes de IA que trabajan en su nombre. Sin embargo, la centralización de identidades también genera riesgos: si Oak es comprometido, un atacante podría controlar todas las identidades. La compañía asegura usar cifrado de extremo a extremo y arquitectura zero-trust, pero la historia muestra que incluso empresas como Okta han sufrido brechas (en 2022, un ataque afectó a 366 clientes). Además, la gestión de identidades de IA plantea preguntas éticas: ¿quién es responsable si un agente de IA mal configurado causa un daño? Oak deberá abordar estos aspectos para ganar la confianza del mercado.
Oak aún no tiene clientes públicos ni ingresos reportados. Su tecnología está en fase beta. La startup fue fundada por exejecutivos de Palo Alto Networks y Wiz. La ronda fue liderada por Sequoia Capital y Andreessen Horowitz, lo que le da credibilidad. Se espera que el producto esté disponible comercialmente en 2026. Según The Next Web, la compañía ha estado desarrollando la plataforma durante dos años y planea usar los fondos para contratar talento y acelerar el desarrollo. El mercado de IAM se valoró en 16 mil millones de dólares en 2024 y se espera que crezca a 28 mil millones para 2029, según MarketsandMarkets, lo que ofrece un amplio espacio para que Oak se posicione. Sin embargo, la competencia es feroz y la ejecución será clave.
"La identidad es el nuevo perímetro de seguridad. Pero con la llegada de los agentes de IA, ese perímetro se ha vuelto borroso. Oak busca darle estructura." — Analista de Gartner citado por The Next Web.
Oak representa una apuesta audaz por un futuro donde las identidades no humanas superen en número a las humanas. Si logra su objetivo, podría redefinir la ciberseguridad empresarial. Si fracasa, será un costoso recordatorio de que la identidad descentralizada sigue siendo un desafío. La ronda récord de 60 millones en semilla es un indicador de que los inversores creen en la visión, pero el camino hacia la adopción masiva está lleno de obstáculos técnicos y de mercado. Los próximos dos años serán cruciales para que Oak demuestre que su "sistema operativo de identidad" puede escalar y proteger a las empresas en la era de la IA.
Inteligencia Artificial
Un estudio revela que el asesoramiento de IA reduce la precisión del 27% al 9% mientras la confianza salta del 30% al 76%
TheVortiq

Un equipo de investigadores de las universidades de Ca' Foscari (Venecia), Bocconi (Milán) y Sciences Po (París) publicó un estudio en el que evaluó cómo el asesoramiento de inteligencia artificial afecta la precisión y la confianza de las personas al responder preguntas. Los participantes realizaron tareas de conocimiento general con y sin acceso a consejos generados por IA. Los resultados, reportados por The Next Web, son alarmantes: la precisión cayó del 27% al 9%, mientras que la confianza aumentó del 30% al 76%. La disposición a admitir ignorancia se derrumbó del 44% al 3%. El estudio, aún no publicado en una revista revisada por pares, fue presentado en la conferencia ACM Collective Intelligence 2025, según confirmaron los autores a medios especializados.
Este fenómeno, denominado por los autores como 'supresión del pensamiento crítico', revela un sesgo cognitivo peligroso: las personas tienden a delegar su juicio en la IA sin cuestionarla, incluso cuando esta proporciona respuestas incorrectas. En un contexto donde la IA se integra cada vez más en diagnósticos médicos, asesoría legal, decisiones financieras y procesos empresariales, este estudio sugiere que la sobreconfianza inducida por la IA podría llevar a errores graves con consecuencias reales. El hallazgo se alinea con investigaciones previas sobre el sesgo de automatización, documentado desde los años 90 en entornos de control de tráfico aéreo y diagnóstico médico. Sin embargo, la magnitud del efecto observado —la precisión se reduce a un tercio mientras la confianza se duplica— supera lo reportado en estudios anteriores, que solían encontrar incrementos de confianza del 10-20% no acompañados de caídas de precisión tan drásticas.
Para las empresas, la implementación de asistentes de IA sin mecanismos de verificación humana puede resultar en una reducción neta de la calidad de las decisiones. Los empleados podrían volverse más rápidos pero menos precisos, y además sentirse injustificadamente seguros de sus respuestas. Un caso paralelo es el de los sistemas de recomendación en plataformas de contenido, donde el sesgo de automatización ha llevado a burbujas de filtro y desinformación. En el ámbito corporativo, la dependencia acrítica de la IA ya ha causado incidentes: en 2023, un bufete de abogados estadounidense fue sancionado por presentar documentos legales generados por ChatGPT que contenían citas falsas, y los abogados no verificaron la información. Para los usuarios individuales, el riesgo es similar: confiar ciegamente en recomendaciones de IA en áreas como salud, finanzas o educación puede llevar a malas decisiones. Los autores sugieren que el diseño de sistemas de IA debería incluir 'fricciones' que fomenten la verificación humana, como mostrar niveles de incertidumbre o solicitar confirmación explícita antes de aceptar una recomendación. Además, proponen que las interfaces de usuario incorporen recordatorios periódicos sobre las limitaciones de la IA, una práctica ya adoptada por algunos asistentes virtuales como Alexa, que ocasionalmente advierte que no es infalible.
El estudio no es aislado. Investigaciones anteriores sobre sesgo de automatización ya mostraban que las personas tienden a sobrevalorar las recomendaciones de sistemas automatizados. Lo novedoso aquí es la magnitud del efecto: la precisión se reduce a un tercio mientras la confianza se duplica. Esto implica que no solo la IA puede estar equivocada, sino que además nos hace menos capaces de detectar sus errores. Para contrarrestarlo, los expertos recomiendan: 1) entrenar a los usuarios en pensamiento crítico; 2) diseñar interfaces que muestren explícitamente las limitaciones de la IA; 3) implementar procesos de doble verificación humana en decisiones de alto riesgo. Algunas empresas tecnológicas ya están experimentando con soluciones: Microsoft, por ejemplo, ha incorporado en su suite Copilot una función que resalta cuándo una respuesta tiene baja confianza, y Google ha lanzado herramientas de verificación de hechos asistidas por IA que el usuario debe activar manualmente. Sin embargo, el estudio sugiere que estas medidas podrían ser insuficientes si no se aborda la tendencia psicológica a delegar el pensamiento crítico. En palabras de uno de los investigadores, citado por The Next Web: "La gente se volvió mucho peor, la precisión era solo un tercio, pero tenían el doble de confianza". Este desajuste entre rendimiento y confianza es el núcleo del problema y el mayor desafío para el futuro de la colaboración humano-IA.
Inteligencia Artificial
Una herramienta de inteligencia artificial utilizada para clasificar a presos en prisiones de Ontario asigna desproporcionadamente a reclusos negros a regímenes de máxima seguridad, según una demanda colectiva y una investigación periodística.
TheVortiq

En febrero de 2025, el bufete Koskie Minsky presentó una demanda colectiva contra el gobierno de Ontario alegando que el sistema de inteligencia artificial SAFER (Security Assessment for Evaluating Risk), utilizado desde 2021 en las prisiones provinciales para clasificar a los reclusos según su nivel de riesgo, asigna de manera desproporcionada a personas negras a regímenes de máxima seguridad. La investigación del periodista Desmond Cole, publicada por The Breach, reveló que entre 2022 y 2025, las personas negras —que constituyen aproximadamente el 5% de la población de Ontario— representaron casi el 27% de los presos en máxima seguridad, mientras que los blancos están subrepresentados en esa categoría. El análisis de datos gubernamentales fue realizado por el criminólogo Scot Wortley, de la Universidad de Toronto.
El SAFER fue diseñado por el investigador Grant Duwe, quien no respondió a las solicitudes de comentarios. La herramienta asigna una puntuación de riesgo basada en factores como el historial de arrestos y la disciplina penitenciaria. Sin embargo, estos datos reflejan décadas de discriminación racial en la actuación policial y en los procesos judiciales, lo que genera un sesgo algorítmico sistémico.
Este caso evidencia cómo los sistemas de inteligencia artificial pueden perpetuar y amplificar sesgos raciales existentes en el sistema de justicia penal. El SAFER se basa en datos históricos que, según documentos internos de capacitación citados por The Breach, el propio gobierno reconoció que 'probablemente contribuirían a la sobrerrepresentación' de personas indígenas y racializadas en máxima seguridad. Sin embargo, mientras que se adoptaron medidas de mitigación para los presos indígenas —como la consideración de factores contextuales—, no se extendieron protecciones similares a los reclusos negros. La demanda alega que esto constituye una discriminación racial ilegal bajo la Carta Canadiense de Derechos y Libertades.
El caso se suma a otros incidentes globales donde la IA ha mostrado sesgos raciales, como el sistema COMPAS en Estados Unidos, utilizado para predecir reincidencia, que sobreestimaba el riesgo de reincidencia en personas negras. También recuerda al caso de sesgo en algoritmos de contratación de Amazon, que penalizaban currículums de mujeres. La diferencia clave aquí es que el SAFER es una herramienta gubernamental en un contexto de privación de libertad, donde las consecuencias son especialmente graves: los presos en máxima seguridad tienen menos libertad de movimiento, menos acceso a programas y visitas, y condiciones más duras.
La demanda colectiva busca que se declare ilegal el uso del SAFER y que se compense a los afectados. Si tiene éxito, podría sentar un precedente importante sobre la responsabilidad de las administraciones públicas al implementar herramientas de IA en contextos sensibles. También podría obligar a revisar no solo el SAFER, sino otros sistemas similares utilizados en Canadá y otros países. La Defensoría del Pueblo de Ontario ha recibido quejas sobre el impacto desproporcionado del SAFER y está en curso una revisión ministerial del programa.
A nivel más amplio, este caso refuerza la necesidad de auditorías independientes de sesgo algorítmico y de transparencia en los algoritmos utilizados por el sector público. La Unión Europea ya está avanzando con la Ley de IA, que exige evaluaciones de impacto para sistemas de alto riesgo como este. En Canadá, la Ley de Inteligencia Artificial y Datos (AIDA) aún está en proceso legislativo, pero casos como este podrían acelerar su implementación.
Para las empresas tecnológicas, el caso subraya la importancia de diseñar algoritmos con equidad desde el inicio, y no como un parche posterior. Para los usuarios, especialmente las comunidades racializadas, es una llamada de atención sobre cómo la tecnología puede reforzar injusticias históricas si no se controla.
Este caso pone de relieve que la inteligencia artificial no es neutral: si se alimenta con datos sesgados, reproduce y amplifica las injusticias existentes. La transparencia y la equidad deben ser requisitos previos a su implementación en el sector público. Como señaló la demanda, 'el gobierno no puede externalizar la discriminación a un algoritmo'.
Automatización
Zapier lanza 16 plantillas de prompts para agentes de IA: cómo evitar el costoso error de prompts débiles que arruinan la automatización.
TheVortiq

Zapier, la plataforma líder en automatización de flujos de trabajo con más de 2 millones de usuarios empresariales, publicó en su blog una colección de 16 plantillas de prompts diseñadas específicamente para mejorar el rendimiento de los agentes de IA. El artículo, escrito por un experto interno que admite haber pasado por 'muchas pruebas y errores dolorosos' (Zapier Blog), aborda un problema crítico: los prompts débiles integrados en las instrucciones de un agente producen resultados malos de forma consistente y generan costos recurrentes sin supervisión humana. Las plantillas cubren casos de uso como resúmenes, generación de contenido, análisis de datos y más. Según Zapier, sus agentes procesan más de 10 millones de tareas automatizadas al mes, lo que subraya la escala del problema.
Hasta ahora, la mayoría de los consejos sobre prompting se centraban en chatbots conversacionales, donde el usuario puede refinar las instrucciones en cada interacción. Pero los agentes de IA operan sin supervisión constante: ejecutan tareas de forma autónoma y cada llamada a la API cuesta dinero (por ejemplo, GPT-4 cuesta $0.03 por 1K tokens de entrada y $0.06 por salida). Un prompt mal diseñado no solo da resultados inútiles, sino que multiplica el gasto. Las plantillas de Zapier ofrecen un enfoque estandarizado y probado que reduce la incertidumbre y acelera la implementación de agentes en producción. Esto es especialmente relevante porque, según Gartner, para 2026 el 80% de las empresas habrán implementado agentes de IA en algún flujo de trabajo.
Las plantillas no son magia: requieren adaptación al contexto específico de cada negocio. La recomendación de Zapier es usarlas como punto de partida y ajustar variables como tono, formato y ejemplos. Además, es crucial monitorear el desempeño de los agentes incluso con prompts optimizados, porque los modelos de IA pueden cambiar su comportamiento con actualizaciones (por ejemplo, GPT-4 tuvo cambios significativos en marzo de 2024). Por último, estas plantillas son especialmente útiles para equipos sin experiencia en prompting, pero los expertos aún pueden beneficiarse de la estructura para ahorrar tiempo. Según Zapier, sus pruebas internas mostraron una reducción del 40% en iteraciones de depuración.
"Un prompt débil integrado en las instrucciones de un agente produce el mismo output malo —y te factura el mismo error— cada vez que se ejecuta, sin nadie al teclado para corregirlo." — Zapier Blog
Las plantillas cubren roles como 'asistente de resumen', 'generador de informes' o 'analista de sentimiento'. Cada una incluye instrucciones de sistema, ejemplos de few-shot y especificaciones de formato de salida. La clave está en que separan claramente la tarea del contexto, permitiendo a los desarrolladores inyectar datos dinámicos sin romper la estructura del prompt. Esto reduce la probabilidad de alucinaciones y desviaciones. Por ejemplo, la plantilla de resumen especifica: "Resume el siguiente texto en 3-5 oraciones, manteniendo los puntos clave y usando un tono neutral. No incluyas opiniones." Además, incluye placeholders como {{text}} para datos dinámicos. Esta estructura es consistente con las mejores prácticas de la industria, como las recomendaciones de OpenAI sobre prompts con roles y formato estructurado.
El prompting ha evolucionado desde simples instrucciones en 2022 (con GPT-3) hasta técnicas avanzadas como chain-of-thought (Wei et al., 2022) y ReAct (Yao et al., 2023). Sin embargo, la mayoría del conocimiento reside en blogs y papers académicos, no en repositorios prácticos. Zapier, con millones de usuarios empresariales, está democratizando el acceso a prompts de calidad, algo que antes solo estaba al alcance de consultores especializados. Comparado con el lanzamiento de 'copilots' de GitHub Copilot en 2021, que estandarizó la asistencia en código, Zapier hace lo mismo para la automatización empresarial. Anteriormente, empresas como Anthropic habían lanzado guías de prompting, pero no colecciones tan específicas para agentes.
Es probable que veamos una explosión de 'marketplaces de prompts' y herramientas de gestión de prompts como PromptLayer o LangSmith integrando plantillas similares. Empresas como Agora (YC W23) ya ofrecen repositorios de prompts, pero con menos tracción. Las empresas que no adopten estas prácticas quedarán rezagadas en eficiencia operativa. También surgirán roles como 'prompt librarian' o 'prompt QA specialist' para mantener y versionar estas plantillas. Según un informe de McKinsey, la automatización basada en IA podría aumentar la productividad global en un 0.5-1.0% anual, y la estandarización de prompts es un paso clave para lograrlo. Además, veremos una integración más estrecha entre plataformas de automatización y modelos de lenguaje, con Zapier como pionero.
Empresas
El gigante taiwanés de semiconductores amplía su apuesta por EE.UU. con cuatro nuevas plantas de chips avanzados y empaquetado, elevando su inversión total a $265 mil millones.
TheVortiq
El 17 de julio de 2026, durante la conferencia de resultados del segundo trimestre, el CEO de TSMC, C.C. Wei, anunció una inversión adicional de $100 mil millones en Arizona para construir al menos cuatro nuevas fábricas de obleas (fabs) y plantas de empaquetado avanzado. Las nuevas instalaciones producirán chips en el nodo de 2nm y tecnologías inferiores. Con esto, la inversión total comprometida por TSMC en EE.UU. asciende a $265 mil millones, y su huella prevista en Arizona alcanza las 10 fabs y dos plantas de empaquetado, según fuentes oficiales estadounidenses citadas por Bloomberg.
Este anuncio duplica con creces los planes anteriores de TSMC, que en 2024 sumaban $165 mil millones. La noticia fue anticipada en febrero de 2026 por rumores del mercado, pero ahora se confirma oficialmente. El costo de una fábrica de 2nm con capacidad de 20,000 obleas por mes se estima entre $25 y $35 mil millones, por lo que los $100 mil millones financiarían aproximadamente cuatro módulos, coincidiendo con el anuncio de Wei. Sin embargo, TSMC no ha fijado un cronograma concreto; el ritmo de construcción dependerá de la demanda del mercado, según declaró Wei.
Esta inversión es la mayor realizada por un fabricante de semiconductores en suelo estadounidense y marca un hito en la relocalización de la cadena de suministro de chips. Históricamente, más del 90% de los chips avanzados (sub-7nm) se fabrican en Taiwán, lo que genera una vulnerabilidad estratégica para EE.UU. y sus aliados. La Ley de Chips de EE.UU. de 2022 destinó $52 mil millones en subsidios para atraer fabricación, y TSMC se perfila como el principal beneficiario, aunque la compañía no ha detallado qué subsidios recibirá. La medida también se produce en un contexto de tensiones comerciales entre EE.UU. y China, y de posibles aranceles a chips fabricados en Taiwán, lo que incentiva a TSMC a diversificar su producción.
Comparado con eventos anteriores, la inversión de TSMC supera ampliamente los $20 mil millones que Intel planea gastar en sus fabs de Ohio (según anuncios de 2022) y los $17 mil millones de Samsung en Texas. Además, la escala de 10 fabs en Arizona rivaliza con el complejo de TSMC en Taiwán (Fab 18), que alberga 6 fabs de 5nm y 3nm. Esto refleja una estrategia a largo plazo para crear un ecosistema de fabricación avanzada en EE.UU., similar al que TSMC ha desarrollado en Hsinchu.
TSMC no ha detallado el cronograma exacto de las nuevas fabs, pero se espera que las primeras instalaciones de 2nm estén operativas en 2028, según analistas de Bernstein. La inversión total de $265 mil millones supera ampliamente los $165 mil millones anunciados previamente, y la huella en Arizona incluirá también plantas de empaquetado avanzado (como CoWoS y SoIC), cruciales para chips de IA como los de NVIDIA. La medida también se produce en un contexto de posibles aranceles a chips fabricados en Taiwán, lo que hace que la producción local sea estratégica para evitar restricciones comerciales.
"La decisión de TSMC de invertir otros $100 mil millones en Arizona es un hito en la historia de los semiconductores. No solo consolida a EE.UU. como un polo de fabricación avanzada, sino que redefine las estrategias de suministro de las grandes tecnológicas. Sin embargo, el éxito dependerá de la disponibilidad de mano de obra calificada y de la estabilidad regulatoria en EE.UU." — Analista de TheVortiq.
En perspectiva, esta inversión podría cambiar el equilibrio de poder en la industria de semiconductores. Si TSMC logra ejecutar sus planes, EE.UU. podría albergar el 20% de la capacidad mundial de chips avanzados para 2030, frente al 10% actual. Pero los desafíos son enormes: la construcción de fabs en EE.UU. ha enfrentado retrasos por permisos ambientales, escasez de ingenieros y costos laborales más altos que en Taiwán. Por ejemplo, la primera fab de TSMC en Arizona (Fab 21) ha sufrido retrasos de dos años debido a estos problemas. La nueva inversión duplica la apuesta, pero también los riesgos.
Inteligencia Artificial
Un estudio revela que el acceso a consejos de IA suprime la capacidad de admitir ignorancia, incluso cuando las respuestas son incorrectas
TheVortiq
Investigadores de la Universidad de Milano-Bicocca, la École Normale Supérieure y la Universidad Sapienza de Roma publicaron un estudio titulado “AI advice suppresses people’s willingness to say ‘I don’t know’, even when the advice is wrong and accuracy is incentivized”. En él, demostraron que cuando los participantes tenían acceso a consejos de un modelo de lenguaje grande (LLM), la disposición a admitir ignorancia se desplomó del 44% al 3%, mientras que la precisión cayó del 27% al 9%. A pesar de obtener peores resultados, la confianza en las respuestas aumentó del 30% al 76%. Este fenómeno, documentado en un artículo de The Register, revela un peligroso sesgo de sobreconfianza inducido por la IA, que persiste incluso cuando los usuarios son advertidos de que el modelo puede estar equivocado.
Los investigadores seleccionaron preguntas sobre detalles visuales de películas (como el color del uniforme en Bend It Like Beckham o el vehículo de Mónica en Like a Cat on a Highway), sabiendo que los LLM suelen fallar en esos datos. Usaron el modelo Step 3.5 Flash, que daba respuestas erróneas en la mayoría de los casos, para asegurarse de que cualquier reducción en el juicio no se debiera a una delegación sensata a una herramienta fiable. Además, probaron modelos frontera recientes (GPT-5.5, Claude Sonnet 4.6, Gemini 3.5 Flash), que fallaban en la pregunta del vehículo pero acertaban otros detalles, confirmando que el problema es generalizado. El experimento incluyó un grupo de control sin acceso a IA y un grupo experimental que podía consultar al modelo. Para evaluar el efecto de los incentivos, se repitió con recompensas económicas por respuestas correctas. Incluso así, la disposición a admitir ignorancia solo subió al 8% y la precisión al 16%, muy por debajo del 44% y 27% iniciales. Esto indica que el sesgo es robusto y no se corrige fácilmente con motivación externa.
El hallazgo clave es que la IA no solo no mejora la precisión, sino que suprime la humildad intelectual. Las personas dejan de cuestionar y aceptan respuestas incorrectas con alta confianza. Esto tiene implicaciones profundas en la educación, la toma de decisiones y la formación de opiniones. Valerio Capraro, coautor del estudio, señaló: “Para los humanos, la capacidad de decir ‘no sé’ es muy importante porque representa el reconocimiento de los límites de nuestro conocimiento”. La IA, al proporcionar respuestas fáciles, elimina ese proceso de reflexión. Este fenómeno recuerda a sesgos cognitivos clásicos como el exceso de confianza o el sesgo de autoridad, pero amplificado por la aparente infalibilidad de la tecnología. En un contexto histórico, la llegada de la calculadora no suprimió la capacidad de estimar mentalmente, pero la IA generativa actúa sobre la confianza epistémica de manera más profunda.
Incluso con incentivos monetarios, la mejora fue marginal: la disposición a admitir ignorancia subió al 8% y la precisión al 16%, aún muy por debajo de los niveles base. Esto sugiere que el problema no es solo de pereza cognitiva, sino de un sesgo arraigado en la forma en que procesamos la información automatizada.
El problema no es solo de los modelos, sino de cómo los usamos. Los investigadores recomiendan alfabetización en IA desde edades tempranas y políticas educativas que fomenten el escepticismo saludable. Capraro advirtió: “Los incentivos de los proveedores de modelos no están alineados con la precisión; la solución debe venir de la educación”. Comparado con la introducción de la imprenta, que democratizó el conocimiento pero también propagó errores, la IA requiere un nuevo contrato social: enseñar a los usuarios a dudar de las máquinas. Iniciativas como la de la UNESCO para integrar pensamiento crítico digital en currículos escolares son un paso en la dirección correcta. Mientras tanto, los lectores deben recordar que la IA es una herramienta falible y que la humildad intelectual sigue siendo un activo invaluable.
“La capacidad de decir ‘no sé’ es fundamental para el conocimiento humano. La IA, al ofrecer respuestas fáciles, puede erosionar esa capacidad.”
En resumen, la IA puede ser una herramienta poderosa, pero su uso sin criterio puede debilitar nuestra habilidad para reconocer la incertidumbre. La humildad intelectual es un activo que debemos preservar. Como sociedad, necesitamos repensar la relación con la tecnología para no delegar ciegamente nuestra capacidad de juicio.
Inteligencia Artificial
Cuando los sistemas autónomos toman decisiones críticas, las empresas necesitan auditar y explicar cada paso. La 'caja de cristal' se convierte en un imperativo de gobernanza.
TheVortiq

Hasta hace un año, la mayoría de los sistemas de IA empresarial se limitaban a generar recomendaciones. Hoy, esos mismos sistemas aprueban transacciones, gestionan envíos, actualizan registros, interactúan con clientes y activan acciones en otros programas con mínima intervención humana. Este salto de la predicción a la acción autónoma ha cambiado el eje de la gobernanza: ya no basta con que un modelo sea preciso; ahora la organización debe poder explicar, auditar y defender cada decisión que el sistema toma por su cuenta.
Como señala InfoWorld, cuando un asistente de IA sugiere una hora de reunión, un error es una molestia. Pero cuando un sistema autónomo emite un reembolso, modifica un precio o inicia una transacción financiera, los errores tienen consecuencias operativas, legales y reputacionales. Y en ese momento, decir 'el modelo lo decidió' no es una explicación aceptable.
Este cambio no ocurrió de la noche a la mañana. La evolución de los sistemas de IA empresarial ha sido gradual: desde modelos puramente predictivos (como los de riesgo crediticio) hasta sistemas agentivos que ejecutan acciones en cascada. Un informe de Gartner de 2024 ya anticipaba que para 2028, el 40% de las interacciones con IA en las empresas implicarían acciones autónomas, frente al 5% de 2023. Empresas como UiPath y Automation Anywhere han integrado modelos de lenguaje grande (LLM) en sus plataformas de automatización robótica de procesos (RPA), permitiendo que los bots no solo ejecuten flujos predefinidos, sino que tomen decisiones contextuales. Por ejemplo, un bot de atención al cliente ahora puede decidir si un reembolso debe ser aprobado basándose en el historial del usuario y las políticas de la empresa, sin intervención humana.
Sin embargo, esta autonomía trae consigo una paradoja: cuanto más capaces son los sistemas, menos transparentes resultan. Los modelos de deep learning, que impulsan muchas de estas capacidades, son notoriamente opacos. Incluso los ingenieros que los entrenan a menudo no pueden explicar por qué un modelo tomó una decisión específica. Esto crea una brecha de rendición de cuentas que las organizaciones apenas comienzan a enfrentar.
Estamos ante una brecha de rendición de cuentas: las organizaciones despliegan sistemas cada vez más autónomos mientras confían en tecnologías que ofrecen poca visibilidad sobre cómo se toman las decisiones. La IA de caja negra pudo ser tolerable cuando solo generaba predicciones, pero se vuelve problemática cuando empieza a actuar en nombre del negocio.
La industria tecnológica ya enfrentó un desafío similar. Cuando el software empresarial se volvió distribuido y complejo, los ingenieros dejaron de poder intuir qué fallaba. La solución fue la observabilidad: instrumentar los sistemas para que su estado interno pudiera entenderse mediante logs, métricas y trazas. El objetivo no era predecir cada fallo, sino crear suficiente visibilidad para reconstruir lo ocurrido después.
La IA necesita ahora una disciplina análoga, pero ampliada. No basta con saber qué acción se ejecutó; hace falta entender por qué el sistema consideró que esa acción era correcta. Un sistema auditable debe responder preguntas como: ¿qué información utilizó?, ¿qué fuentes de datos consultó?, ¿qué alternativas consideró?, ¿qué pasos de verificación realizó?, ¿qué nivel de confianza tenía?, ¿qué eventos llevaron a la acción final?
El contexto regulatorio añade urgencia. La Ley de IA de la Unión Europea, aprobada en 2024, clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo. Los sistemas autónomos que toman decisiones con impacto legal o financiero se consideran de alto riesgo y están sujetos a requisitos estrictos de transparencia, documentación y supervisión humana. En Estados Unidos, la Orden Ejecutiva sobre IA de octubre de 2023 exige que las agencias federales adopten principios de equidad y transparencia. En sectores como finanzas, salud y seguros, los reguladores ya exigen que cualquier decisión automatizada pueda ser explicada y auditada. Por ejemplo, la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB) de EE.UU. ha advertido que el uso de algoritmos de crédito debe cumplir con la Ley de Igualdad de Oportunidades de Crédito, que requiere explicaciones cuando se deniega un préstamo.
El impacto en los usuarios también es significativo. Un estudio de Pew Research de 2023 encontró que el 67% de los estadounidenses desconfía de las decisiones automatizadas en contextos financieros y de salud. La falta de transparencia erosiona la confianza del cliente y puede llevar a la pérdida de negocio. Por otro lado, las empresas que implementan sistemas explicables pueden diferenciarse en el mercado. Un informe de McKinsey de 2024 estima que las organizaciones que adoptan IA explicable pueden reducir los costos de cumplimiento regulatorio hasta en un 30% y mejorar la tasa de aceptación de decisiones automatizadas por parte de los clientes en un 20%.
La transición a la 'caja de cristal' no es opcional: se está convirtiendo en un requisito operativo. Las empresas que no adopten prácticas de observabilidad de IA se exponen a riesgos regulatorios, pérdida de confianza del cliente y fallos difíciles de corregir. Por el contrario, quienes implementen sistemas transparentes podrán escalar la automatización con seguridad, defendiendo cada decisión ante auditores, reguladores y clientes.
Para lograrlo, los CIOs y equipos de datos deben:
Además, es crucial adoptar estándares emergentes. Iniciativas como el Model Card de Google o Datasheets for Datasets de Microsoft proporcionan marcos para documentar el comportamiento y las limitaciones de los modelos. Herramientas como SHAP (SHapley Additive exPlanations) y LIME (Local Interpretable Model-agnostic Explanations) permiten descomponer las predicciones en contribuciones de características individuales. Sin embargo, estas herramientas no son suficientes por sí solas; deben integrarse en un sistema de gobernanza más amplio que incluya controles de versiones, pruebas de sesgo y monitoreo continuo.
Un caso ilustrativo es el de un banco europeo que implementó un sistema autónomo de aprobación de préstamos. Aunque el modelo era preciso, un auditor descubrió que el sistema denegaba préstamos a solicitantes de ciertos códigos postales. Sin herramientas de trazabilidad, el banco tardó meses en identificar que el modelo había aprendido una correlación espuria con datos históricos sesgados. Tras implementar registros detallados y explicaciones locales, el banco pudo corregir el sesgo y demostrar cumplimiento ante el regulador.
La IA de caja negra pudo ser tolerable cuando solo generaba predicciones, pero se vuelve problemática cuando empieza a actuar en nombre del negocio.
Inteligencia Artificial
Empresas tecnológicas venden sistemas de IA a departamentos policiales para automatizar tareas rutinarias, pero críticos advierten sobre riesgos legales y éticos.
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En la reciente conferencia tecnológica de la Asociación Internacional de Jefes de Policía (IACP) en Fort Worth, Texas, se presentó lo que se denominó 'el futuro de la vigilancia en la era digital'. Empresas emergentes y gigantes tecnológicos exhibieron sistemas de inteligencia artificial diseñados para automatizar tareas críticas del trabajo policial, como la redacción de informes, el análisis de pruebas y la vigilancia predictiva. Sin embargo, el evento estuvo marcado por la controversia: la prensa no pudo ingresar, y los asistentes describieron un entorno donde la promesa de eficiencia choca con preocupaciones sobre sesgos algorítmicos, privacidad y el debido proceso.
La conferencia IACP de 2025 representa un hito en la creciente integración de la inteligencia artificial en la vigilancia policial, una tendencia que se remonta a la década de 2010 con la adopción temprana de sistemas de reconocimiento facial y análisis predictivo. Empresas como Axon, conocida por sus cámaras corporales Taser, han expandido su oferta a plataformas de IA como Axon AI, que transcribe automáticamente las grabaciones de las cámaras y genera informes preliminares. Palantir, famosa por su trabajo con agencias de inteligencia, ofrece su plataforma Gotham para integrar datos de múltiples fuentes y generar alertas en tiempo real. ShotSpotter, ahora parte de SoundThinking, utiliza sensores acústicos para detectar disparos y desplegar recursos policiales de manera más rápida. Según The Verge, estas tecnologías prometen reducir la carga administrativa de los agentes, pero también plantean riesgos de discriminación y errores si no se supervisan adecuadamente. La exclusión de la prensa en el evento ha generado críticas, ya que limita la transparencia sobre las capacidades reales y los sesgos potenciales de estos sistemas.
Los sistemas presentados incluyen varias categorías clave: reconocimiento facial, análisis de video en tiempo real, algoritmos de predicción del delito y automatización de informes. El reconocimiento facial, ofrecido por empresas como Clearview AI y NEC, permite identificar sospechosos a partir de imágenes de cámaras de vigilancia o redes sociales. Sin embargo, un estudio del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de 2019 encontró que muchos algoritmos tienen tasas de error significativamente más altas para personas de raza negra y asiática, con falsos positivos hasta 100 veces más frecuentes en algunos casos. El análisis de video en tiempo real, como el sistema de BriefCam, resume horas de grabación en minutos y detecta objetos o comportamientos sospechosos. Los algoritmos de predicción del delito, como PredPol (ahora parte de SoundThinking), utilizan datos históricos para pronosticar áreas con mayor probabilidad de incidentes, pero investigaciones como la de la RAND Corporation han cuestionado su efectividad, señalando que a menudo simplemente refuerzan patrones de vigilancia existentes sin reducir el crimen. La automatización de informes, ejemplificada por productos como el de Axon, utiliza procesamiento de lenguaje natural para redactar documentos legales a partir de transcripciones, lo que podría ahorrar horas de trabajo, pero también introduce riesgos de errores fácticos o sesgos lingüísticos. Según Wired, estos sistemas a menudo se entrenan con datos históricos que pueden contener sesgos raciales, perpetuando desigualdades.
La automatización de pasos legales críticos, como la redacción de informes de incidentes o la identificación de sospechosos, podría acelerar procesos pero también introducir sesgos. Por ejemplo, un informe de la ACLU de 2021 documentó casos en los que el reconocimiento facial llevó a arrestos erróneos de personas inocentes, como el caso de Robert Williams en Detroit, quien fue detenido incorrectamente debido a un falso positivo. Además, la falta de transparencia en estos sistemas dificulta la rendición de cuentas: los algoritmos propietarios no son auditables públicamente, y las agencias policiales a menudo firman acuerdos de confidencialidad con los proveedores. Esto contrasta con eventos anteriores, como la adopción de la videovigilancia en los años 90, que también generó debates sobre privacidad pero permitió una mayor supervisión judicial. La IA policial introduce un nivel de opacidad sin precedentes, ya que las decisiones algorítmicas pueden ser difíciles de impugnar en los tribunales. Un estudio de la Universidad de Stanford de 2022 encontró que los fiscales utilizan cada vez más informes generados por IA como evidencia, sin cuestionar su precisión o sesgos potenciales.
Si bien la IA puede mejorar la eficiencia policial, su implementación sin marcos legales sólidos podría erosionar la confianza pública. Organizaciones de derechos civiles, como la Electronic Frontier Foundation, han señalado que la vigilancia predictiva puede llevar a una sobrerrepresentación de ciertas comunidades, creando un círculo vicioso de vigilancia y criminalización. Por ejemplo, en Los Ángeles, el uso de PredPol en 2018 resultó en un aumento de las paradas policiales en vecindarios de minorías, sin una reducción correspondiente en la tasa de criminalidad. La venta de estas tecnologías representa un negocio multimillonario: según MarketsandMarkets, el mercado de IA en vigilancia alcanzó los 12 mil millones de dólares en 2025, con un crecimiento anual del 20%. Sin embargo, la regulación federal en Estados Unidos sigue siendo fragmentada. Mientras que ciudades como San Francisco y Boston han prohibido el reconocimiento facial, otras como Fort Worth lo han adoptado sin restricciones. El lobby de la industria es fuerte: según OpenSecrets, las empresas de tecnología policial gastaron más de 50 millones de dólares en cabildeo en 2024. Esto contrasta con la Unión Europea, donde la Ley de IA de 2024 clasifica el reconocimiento facial en vivo como de alto riesgo y exige evaluaciones de conformidad.
Es crucial que los ciudadanos exijan transparencia sobre cómo se utilizan estas herramientas. Algunas ciudades ya han implementado auditorías independientes, como la de la Oficina del Inspector General de la Policía de Seattle, que revisa los sistemas de IA anualmente. Los lectores deben informarse sobre las políticas de sus departamentos policiales locales y abogar por marcos legales que incluyan la revisión humana de todas las decisiones automatizadas. Además, la educación pública sobre los sesgos algorítmicos es fundamental: organizaciones como la Algorithmic Justice League ofrecen recursos para entender cómo funcionan estos sistemas. Finalmente, la presión política puede marcar la diferencia: en 2024, una petición ciudadana en Austin, Texas, logró que el concejo municipal aprobara una ordenanza que requiere la aprobación previa de cualquier tecnología de vigilancia. El futuro de la vigilancia en la era digital no está escrito; depende de la participación activa de la sociedad para garantizar que la IA sirva a la justicia, no a la opresión.